Pulsiones

viernes, agosto 01, 2008

Saciado de ti

Salgo de casa saciado de ti, y aún así noto cómo me muerdo el labio en un último impulso incontenible de repetir que tendrá que esperar al regreso. Pero me gusta sentir ese deseo al salir, esa sonrisa traviesa, ese recuerdo de tu piel, del brillo pícaro en tus pupilas y la crueldad dulce de tu voz cuando finges al decir una vez más que no tienes ganas, pero acaricias, al mismo tiempo, mi pecho.

Pero pienso que es agosto, y que da igual, que nadie llega puntual al trabajo en estas fechas, y me desdigo a mí mismo retrocediendo sobre mis pasos rápidamente, abriendo con impaciencia la puerta del ascensor tras una subida lenta que se me hace eterna, y entro al fin a nuestro piso, dejo mis cosas en cualquier lado y vuelvo a la cama donde aún remoloneas antes de decidirte a levantarte tú también.

¿Qué pasa? - me dices - ¿sé te ha olvidado algo?. Y yo contesto con una sonrisa que creo que se me ha quedado algo entre las sábanas, mientras me siento a tu lado, te beso y acaricio tus muslos bajo las sábanas, que se me ofrecen desnudos con tu mínimo pijama de verano. ¿No tienes que trabajar? - preguntas nuevamente. Claro - te digo -, sólo que he adelantado mi pausa del desayuno y hoy me apetece tomar algo muy especial. Y dicho esto aparto la sábana definitivamente, y te quito la parte alta del pijama para ir directo a besar tus pechos, a lamerlos muy suavemente, deleitándome con la delicia de tus pezones que se endurecen un poco cuando soplo suavemente sobre ellos y la fina capa de mi saliva que los recubre. Tú mientras, sonríes y me dejas hacer, ya sin ganas de más preguntas, y yo me quito toda mi ropa menos los boxer y subo a la cama y beso tu vientre y bajo al mismo tiempo tus pantaloncillos y tus braguitas, dejándote ya totalmente desnuda, y cuelo mi cabeza entre tus piernas, llenándome de tu olor hasta que no cabe más aire en mis pulmones, y beso tu sexo y lo lamo con ternura, al tiempo que uno de mis dedos se adentra tímidamente en tu humedad ya manifiesta, y luego va subiendo el ritmo al tiempo que mi boca se aprieta más contra ti, manteniendo el ritmo de los lametones o atrapando y succionando levemente la zona cercana a tu clítoris.

Así, te corres muy rápido una primera vez, pero apenas te das tiempo de recuperarte, y acudes al rescate de mi miembro que presiona el boxer como si fuera a romperlo, y lo lames tímidamente, limpiando los restos del líquido preseminal que mi excitación ya había hecho presente. Pero no te dejas llevar por la tentación de que acabe en tu boca y enseguida me colocas el preservativo. Entonces, yo te invito a tumbarte sobre el costado y me coloco a tu espalda, introduciendo enseguida mi pene dentro de ti, con mis labios y mi respiración pegados a tu cuello, deslizándose por él, y enseguida voy subiendo el ritmo y te penetro cada vez más fuerte, cada vez más rápido, los dos jadeantes hasta que al fin mi anuncio de orgasmo se te contagia y nuestros cuerpos tiemblan a la vez, exhaustos, sin prisa por separarse e impregnados de un sudor muy bien ganado.

Luego, algunos besos después, vuelvo a estar listo para trabajar, y, al fin, esta vez sí, salgo de casa saciado de ti, y aún así noto cómo me muerdo el labio en un último impulso incontenible de...