Pulsiones

lunes, febrero 05, 2007

Porque eres perfecta I

Porque eres perfecta, porque eres bastante perfecta, y no lo sabes, quiero hacerte un tributo de amor al desnudo, un monumento de caricias y de besos construido sobre el molde de tu piel, pegado a él. Quiero desabrochar los botones de tu camisa despacio, porque tu escote es un tesoro que debe desvelarse lentamente, porque desnudarte de golpe es demasiado impactante, y es negarle la atención que merece a cada parte de ti, cuando no tienes parte mala, y tienes que saberlo, y quiero que tras hacer el amor lo sepas, porque amaré cada parte, y la amaré tanto que no podrás dudar que merece ser amada.

Por eso, como digo, desabrocho los botones de tu camisa muy despacio, y cada porción de tu piel que aparece lentamente tiene un brillo especial, y el movimiento rítmico de tu respiración, y bajo ella late un torrente de vida que por algún milagro natural inexplicable consigues contener. Y al quitar los botones, mis dedos rozan suavemente esa piel, los lados de tu pecho que el sujetador empuja hacia dentro, el valle joven de tu canalillo, la piel suave y firme de tu vientre, con algunos pequeños pelillos casi invisibles y también suaves, con la delicada depresión de tu ombligo, y esa tersura y brillo de juventud, que hechiza el corazón y dispara el deseo.

Y cuando cede el último botón levantas tu mirada que observaba el progreso de mis manos, y mi boca avanza buscando tu boca, y cometo el pequeño crimen de tapar la belleza de tu sonrisa al sellar tus labios con un beso intenso, deslizando mis labios por tus brillantes y jugosos labios sonrosados, atrapándolos, explorándolos con mi lengua que también busca tu lengua. Mientras, mis manos aprovechan el espacio abierto de tu camisa desabrochada, para avanzar hasta tus hombros, recorriendo su blancura, deslizando la camisa hacia atrás y hacia abajo, siguiendo las líneas de tu brazo tras la tela de la camisa que me precede, y que envidio por cada punto que visita antes que mis dedos, hasta que, cuando mis manos rozan tus manos, la camisa finalmente cae hacia atrás, y mis manos, tras disfrutar las sensaciones aumentadas de rozar con las yemas de mis dedos las de los tuyos, donde los nervios están más a flor de piel, y el sentido del tacto se sublima, van hacia tu espalda, te rodean, te atraen con firmeza hacia mí y los besos ganan en pasión y mis ojos se fijan en los tuyos, y se llenan de la intensidad de tus pupilas ilusionadas, derroche de bondad y amor, y también de esos destellos de picardía en que eres un ángel y a la vez la diablesa capaz de magnificar todas las sensaciones y hacer irresistible el deseo.

domingo, febrero 04, 2007

A una solitaria bailarina

De pie, en un pub cualquiera, mirando al frente, con tu espalda a apenas 4 centímetros de la pared, empieza a sonar la música de una nueva canción, y tu cuerpo, que vibra con ella como la cuerda de una guitarra al ser pulsada, empieza a moverse.

Se nota que te gusta bailar, apenas comienzas la sonrisa enciende tu rostro, empatizas con el ritmo que marca la melodía y parece que desde que naciste estabas hecha para bailar, y que esa genética se ha combinado con la experiencia para llevarte a rozar la perfección. Y es que bailando eres perfecta, porque te mueves brusca y suavemente a la vez, y donde la canción marca un ritmo machacón, tus caderas, sin dejar de transmitir el impacto de esas transiciones rápidas, son capaces de unir las notas con los movimientos sensuales de tu cuerpo, que son como el agua, con su misma suavidad y plasticidad, y la capacidad de pulir las asperezas de las notas más duras. Tu cuerpo es así con la música, fluye con ella, la mezcla con tu sensualidad, y te mueves en movimientos pequeños y cambiantes, atrapando las miradas cuando tus muslos muy pegados rozan entre sí, tu pecho avanza y retrocede, tu camisa se baja y se sube alternativamente, ligeramente, dejando ver un pequeño destello de la piel de tu estómago; y tus nalgas, oscilando, se deslizan a apenas unos milímetros de la pared, compactando el aire, aumentando la temperatura, y nadie puede resistirlo imperturbable pues hasta la roca de la pared, que no está viva, a duras penas aguanta.

El sudor empieza a impregnar tu piel con el transcurrir del baile y algunas gotas se deslizan sinuosas por tu cuello, entrando por tu escote, humedeciendo tu blusa. Y, aunque no se ve, entre tus muslos tan juntos moviéndose al son de la música se intuye que la humedad también ha hecho acto de presencia, y se desliza tu piel como si estuviera lubricada, rozando con tu ropa, y son tan suaves tus movimientos, y tan sensuales, que es como si hicieras el amor con el aire y con las ondas de sonido que llegan a ti, colándose en tu interior, haciendo vibrar tus huesos, excitando tus sentidos. Por fin, cuando la música llega a su término, descansas un momento del esfuerzo, sueltas el aire, y desde lejos parece como el respiro que sigue a tu orgasmo.

Y es que el baile en cierto modo es imitación del sexo, es instrumento de cortejo en miles de especies, y tú que bailas sola en el pub esta vez, está claro que serías... de las mejores amantes.