Pulsiones

sábado, agosto 18, 2007

Porque eres perfecta II

Sin tomar un respiro de tus besos, mis manos descienden hasta alcanzar el botón de tus vaqueros, que desabrochan suavemente, y luego te bajo la cremallera, muy despacio, y la parte exterior de mis dedos roza sin querer la fina tela de tus braguitas, sobre tu sexo. Pero no las dejo distraerse con esa sensación, y tras finalizar de bajar la cremallera dejo ya sí de besar tus labios, y ayudado por tus caderas, que arqueas levemente, mis manos liberan el pantalón de tu cuerpo deslizándolo hasta el comienzo de tus muslos. Una vez allí vuelves a reposar tus nalgas sobre la cama y yo sigo bajando los pantalones más lentamente, observando como aparecen tus muslos, su piel blanca y suave, sus formas, tan perfectas, perseguidas por la yema de mis dedos, el deleite de sentir que tienes la carne justa, libre de cualquier exceso de grasa pero libres también de la extremada delgadez que en algunos casos se persigue, y tan largas que es una delicia la eternidad que paso descubriéndote hasta alcanzar a ver tus rodillas. Luego descubro tus piernas, igualmente suaves e igualmente perfectas, derrochando juventud, tan hermosas que en los días en que el calor te pide llevar pantalones cortos las miradas se vuelven para observarlas, y yo, que puedo caminar a tu lado, apenas soy capaz nunca de resistirme a mirarlas más de unos minutos seguidos. Te beso ahora por esos muslos, constatando su suavidad, acariciándote a la vez, sintiendo tu calor ligeramente superior al de mi cuerpo y el tacto firme pero carnoso, recorriéndote con mis manos y jugando un poco con acercarme a la parte más cercana a tu sexo, deslizando mi mano también hacia tu costado, y luego continuando hasta que mis dedos se cuelan entre tu piel y la sábana, y hacen suya por un instante la parte baja de tus nalgas que escapa parcialmente a la protección de tu ropa interior.

Me desvisto ahora yo, bastante más deprisa, como avergonzado de que mi desnudez masculina no puede compararse a la belleza de tu sensual cuerpo de mujer, pero tú no opinas lo mismo, y me atraes hacia ti y me acaricias el pecho nada más verme arrojar mi camisa a un costado de la cama, y luego, ya conmigo tumbado a tu lado, tus manos recorren mi espalda, cuya suavidad siempre te ha gustado, y avanzan incluso por debajo de mis vaqueros, un poco largos, y casi gimo de placer al sentir el tacto maravilloso de tus dedos sobre mis nalgas cuando los cuelas por debajo de la tela de mis boxer. Entonces, a la vez que vuelven a sucederse los besos, te imito, acariciando la parte baja de tu espalda y tus nalgas sobre la fina tela de tus braguitas, colándose ligeramente mis dedos bajo ellas cada vez que sienten su paso por cerca de las costuras. Porque tus nalgas, sin ser excesivamente llamativas cuando la ropa las oculta, tu desnudez me ha mostrado que son también maravillosas, tan perfectamente redondeadas, y con esa carne más tierna donde la nalga se une con el muslo, que son una delicia para el tacto y una atracción irresistible para mi boca, para mis dientes, que dejan anotada en mi mente la petición de pasarse por allí más tarde...

3 comentarios:

  • Uff.... magnífico...

    De Anonymous Notoy, A las 19/8/07 10:23   

  • Gracias, sorprende que aún quede alguna lectora pendiente de post nuevos ;), pero prometo al menos uno más próximamente, aunque luego me temo que tendré que volver a dejar de escribir un tiempo :/.

    De Blogger LoverBit, A las 19/8/07 14:25   

  • cada uno de tus relatos crea ansias por seguir leyendo e incluso si te soy sincera querer ser protagonista de la historia...
    Una de las que más me ha gustado "en el baño".
    Sigue así! felicidades! :)

    De Blogger Dreams, A las 3/10/07 15:57   

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