Pulsiones

lunes, mayo 15, 2006

El erotismo del lenguaje

Introducción al post:
Estoy en un momento en que me encuentro bloqueado para escribir, porque siento que cualquier cosa que escriba redundará en la mala impresión de mí que tiene alguien que me importa mucho, y eso me paraliza :-S. Pero rebuscando entre mis bocetos, encontré el que da título a este post, y como ya está escrito, no hay parálisis que le impida existir, y en realidad no creo que deba dejarme influenciar tanto por lo que esa persona piense :S, así que, bueno, sin poder retocarlo más allá de como estaba, a continuación sigue dicho post, que en realidad fue escrito hace dos meses.


Post:
El erotismo del lenguaje es crearte con mi voz cuando no estás, dibujar tu cara en mi mente como un signo propio de la belleza, marcar tus labios con un verso que se adapta a tu sonrisa y la recorre, mientras mis ojos se cierran para observar ese primer boceto de ti, y mis dedos junto a tu cabeza tropiezan con tu pelo invisible que se va apareciendo poco a poco en su color natural. Suspiro al observar que comienzas a ser tú, y el aire de mi boca se encuentra con tu cuerpo y con un sol que ha salido no sé bien de dónde, dibujando tu silueta suavemente, como un brillo tenue que se aferra a tu piel. Mis manos, al percibirlo, persiguen con caricias a ese brillo, y tras cada sitio que pasan surge la presencia ya innegable de tu piel. Tu pecho surge desnudo ante mí, y como si el rocío también pudiera descubrirte, dos pequeñas gotas de agua reposan sobre tus senos, y mi boca se hace agua al contemplarlos, porque ahora, aunque tú no seas consciente, estás aquí, se ha hecho real tu presencia invisible y puedo hacerte el amor sin que lo sepas antes de atreverme a confesarte las pasiones que me asaltan portando tu nombre.

El erotismo del lenguaje es encontrarte y recordar mis ideas y mis sueños y no distinguir si han pasado o no, y revivirlos apoyado en la imagen de ti que mis ojos me dan, perdiéndome en tu mirada, y sintiendo que tu respiración marca la pauta de una nueva estrofa que empieza en ella y acaba clavada en mi alma al reprimirle salir a tu encuentro.

El erotismo del lenguaje es el silencio que surge de pronto cuando mi voz se apaga y mis labios buscan tus labios, y el sonido sólo vuelve en forma de un suspiro, tras el cual ya todo es distinto. Es acariciarte sólo con mi voz, hacer que un juego de palabras travieso sean mis dedos sobre tu piel, que sientas como mi piel roza tu piel con un chispazo eléctrico que no puedes atrapar, porque cada vez que tus manos persiguen los dedos juguetones de mi voz, las frases se amoldan y te esquivan, y tu mano se cierra sobre la nada al tiempo que esos dedos invisibles recorren otra parte de tu cuerpo, o quizás de tu alma, allí donde los dedos normales no han sabido nunca acariciar.

sábado, mayo 06, 2006

De coches

Nadie diría que me equivoco si dijera que eres la persona a la que mejor han sentado nunca unos vaqueros, cuando te dispones a entrar por la puerta del coche, y yo te miro desde atrás, y los vaqueros se amoldan a tu figura sin dejar margen al aire. Y al inclinarte y agacharte un poco para pasar por la puerta, tu culo se acentúa con un movimiento de caderas que lo muestra en toda su perfección y atrapa sin remedio mi mirada. Mientras, sobre los vaqueros, tu camiseta se arruga un poco en torno a tu cintura, yo creo que porque la tela también desea tocar tu piel, y un pequeño trozo de tu espalda se muestra desnudo e insinuante entre camiseta y pantalón. Luego, mi mirada sigue recorriéndote y observa que tu pelo recogido deja al descubierto la fragilidad de tu cuello y del lóbulo de tu oreja, que mis labios añoran atrapar, y que tu piel luce un bello color moreno regalo del verano. Hasta que, instantes después, ya estás dentro del coche y yo debo entrar por otra puerta, sin poder alcanzarte...

Pero si sólo estuviéramos tú y yo en ese momento, te retendría entonces, justo antes de que cruzaras la puerta del vehículo, y me acercaría a ti, juntando mi pecho contra tu espalda, con mis besos saludando la base de tu cuello y mi mano acariciando las curvas perfectas que dibuja el pantalón, antes de ayudarte a seguir entrando. Entonces, haríamos sitio recolocando el asiento para que pudieras sentarte sobre mí, frente a frente, y te besaría, mientras mis manos en tu cintura acariciarían y moverían lentamente los pliegues de tu camiseta hacia arriba y hacia abajo, sintiendo el roce de la tela con la superficie de tu piel. Luego, tras quitarnos mutuamente las camisetas, besaría tu vientre desde el ombligo hacia arriba, al tiempo que mis manos se encargarían de liberar tus pechos del sujetador, justo a tiempo de que mi boca siguiese besando tus pechos al terminar la suave curva de tu vientre. Y lamería tus pezones con delicadeza, degustando su sabor, al tiempo que llevaría tus manos hasta mi pecho para que me sientas, para que me toques, para sentir el calor de tus manos sobre mí. Entonces llevaría mis manos hasta tus nalgas, y te atraería más hacia mí, hasta que mi pecho y tu pecho desnudos se tocaran, y empezaríamos a besarnos, y mis manos, tras desabrochar primero el botón de tus vaqueros, se colarían por detrás hasta tus nalgas, en medio de los besos, que se repetirían sedientos, mi lengua buscando tu lengua, y la tuya la mía, entrelazadas, los labios sobre los labios, entre los labios, y finalmente quedarnos así en silencio, abrazados un rato, sin que ese día fuese necesario nada más.

miércoles, mayo 03, 2006

Quién fuera el agua

Quién fuera el agua, cuando te duchas, y una gota afortunada que se queda en tu mejilla y resbala lentamente hasta tu boca, y dibuja en su camino la leve y ansiada curva de tus labios sonrientes, que acaricia hasta pararse de nuevo al llegar al centro de ellos y dudar si dejarse ir a tu boca o seguir bajando más. Luego siente que tu lengua la busca, y, antes de que la atrapes, toma la decisión, se desliza por tu barbilla tomando impulso para bajar por los rápidos de tu cuerpo, y recorre la piel blanca y seductora de la blanca pared de la cascada de tu cuello. El impulso y la humedad que toma de tu piel, de otras gotas que pasaron antes por allí, le permite llenarse de vida y tener la fuerza necesaria para remontar la suave curva de tu pecho, perdiendo velocidad en el camino hacia la bandera que señala tu pezón, a donde duda poder llegar. Pero observa ilusionada cómo se acerca, y al remontar el nuevo incremento de pendiente de tu aureola sabe que lo ha logrado, y va lo suficientemente despacio para pasear por ella como si fuera una lengua que te lame suavemente y sin prisas.

Luego, de nuevo, la pendiente cambia, y la gota se vuelve a acelerar y recorre tu barriga entre cosquillas sin llegar a detenerse, y la atracción de tu ombligo centra su rumbo, y al llegar a tu cintura quiere el destino que su suerte sea tanta que la dirección final la lleva directa al desfiladero de tu sexo, incapaz de detenerse o de escapar a su atracción, sabiendo que el viaje termina, pero que ha vivido bien, cuando recorre lentamente tus labios vaginales, se desliza por tu clítoris, y muere finalmente en tu vagina al convertirse en vapor con tu temperatura.

Pero si fuera una gota realmente afortunada, no acabaría ahí la historia, hecha vapor, volvería a subir hasta tu pelo y renacería de nuevo al condensarse sobre un mechón, recorriendo en círculos la espiral que forman tus rizos, hasta saltar al vacío en una punta de tu cabello y caer sobre el centro de tu espalda y descender desde allí, hasta tus preciosas nalgas, tus piernas, tus pies... y ser de nuevo vapor y condensarse al subir, tu boca de nuevo, tu lengua, vapor, tus labios, tu cuello, tus pezones, vapor, tus labios, tus hombros, tus brazos, tus dedos, vapor, tus mejillas, tu cuello, tu axila, tu costado, tus caderas, vapor, tu oreja, tu cuello, tu espalda, tus nalgas, tu sexo y, al fin, al llegar allí, un último chorro de agua que la empujase a tu interior.