Pulsiones

martes, abril 25, 2006

Hablando de culos

Me gusta, me gusta tu culo, me encanta la forma en que se amolda a tus pantalones siempre bastante ajustados, y el movimiento que marca cuando caminas, acomodándose a tus pasos con un suave balanceo, y cómo tus nalgas alternan el protagonismo cuando la pierna que las acompaña se queda atrás en el paso y las hace apretarse un poco más al quedarse en ese primer plano trasero. Te observo siempre que puedo, con disimulo o con descaro, según las circunstancias y si puedes darte cuenta o no, y no es siempre caballerosidad que te deje pasar delante...

Sueño con encontrarte un día en la cama, acostada de espaldas al lado libre del colchón, y ocupar yo ese lado, bajo las sábanas, acercándome mucho a ti, con mi boca a la altura de tu cuello, besándote, haciéndote sentir mi respiración, y deslizar mi mano bajo tu pijama, descubriendo que no llevas ropa interior, con lo que mi mano se encuentra enseguida con el tacto de la piel de tus nalgas, tan firme y suave que mis dedos casi sueltan chispas al tocarla, y se pierden por sus curvas, te recorren de arriba abajo entre caricias y ligeros apretones en que se ven felizmente incapaces de abarcarlas todas. Luego las caricias van descendiendo poco a poco, y mi mano tropieza con la barrera de tus piernas, que se encuentran ligeramente desplazadas una sobre otra, dejando un poco más fácil el camino que ahora persigo, cuando mis dedos cruzan esa barrera hasta tocar el vello de tu pubis ligeramente empapado ya, y sigo hacia delante hasta encontrar la zona de tu vagina que resguarda tu clítoris. Y empiezo a acariciarla suavemente en pequeños círculos, sintiendo que aumenta la humedad e impregna mis dedos. Y con la ayuda que tus fluidos me prestan, mis dedos se mueven cada vez más fácilmente sobre tu clítoris, primero en círculos, luego hacia arriba y hacia abajo, y de nuevo en círculos, una y otra vez, mientras mi brazo sigue en todo momento en contacto con tus nalgas, moviéndose entre ellas, sintiéndolas. Me pierdo en esas sensaciones, me encanta sentir el contacto de tu culo, la estrechez del camino que ha seguido mi brazo, mi mano mojándose ya casi completa de ti, mis labios sobre tu cuello, mi respiración y tu respiración agitadas, la estimulación continua sobre tu clítoris, hasta que finalmente alcanzas el orgasmo. Unos segundos después comienza la retirada de mi brazo, que al recobrar la libertad, acerco a mi nariz, respirando profundamente para captar tu olor, y, luego, llevo los dedos a mi boca, antes de que la humedad que has dejado en ellos se seque y me impida probar tu sabor...

domingo, abril 02, 2006

Ciberdeseo

Tantas conversaciones por el messenger cargadas de complicidad y pasiones ocultas que se desvelan poco a poco y aumentan mi excitación, que es incapaz de escapar y alcanzarte cruzando la línea telefónica en pos de mis palabras. Tantos besos inocentes y tan pocos besos en que mis labios se llenen de tus labios y mi lengua beba de ti memorizando tu tacto y tu sabor.

Me abruma el deseo constante de ver tus pechos desnudos mientras charlamos, descansando plácidamente sobre tu piel, naturales y libres tras desprenderse del innecesario ocultismo de tu ropa, y charlar un rato más así, ambos desnudos, sin miedo, animados por la confianza adquirida en tantas charlas, y mirarte, como sé que lo haría, con una sonrisa que denota el cariño y mi aprecio por ti, por cada curva de tu cuerpo, por cada pequeña parte de ti, y las acepto tal cual, no les pido ni más ni menos, no quiero ningún cambio aquí o allá, porque las quiero y quiero querarlas como son, porque así eres tú, y me gustas.

En esos momentos mis manos sudan ligeramente, anticipándose a las caricias que te daría pero no puedo darte. Y no puede crecer más el ansia de tocarte, de coger tus pechos con mis manos, de probar el sudor sobre tu piel, de llenar mis manos con tus nalgas y deslizarlas sobre tu sexo, mojándome, deseando mojarme de ti más que respirar, deslizando mi lengua sobre tu frágil tripita, tan suave que parece que tu piel es de seda, enormemente delicada y femenina. Y querer que mi lengua siga el camino hacia tu sexo, deteniéndose unos instantes justo sobre él, para darte tiempo por si quieres rechazarla, y entonces, si ese rechazo no llega, deslizarse al fin por todo él, sedienta, y explorar luego tu interior con suavidad, sintiendo como se mezcla la humedad de mi boca con tu humedad, y luego, volverla cada vez más enérgica e insistente hasta conseguir que escape un grito de ti, y sentir tu espalda arquearse de repente, para entonces separarme un poco y observar tu sexo con una sonrisa y besarlo.

Y me equivocaba antes, porque ahora, mis ansias alcanzan un punto nunca sospechado, mis pulsiones se despiertan y atropellan pidiendo su lugar en la cola, y mi boca tras el beso del primer asalto se lanza a la conquista de tus pechos, mientras mi mano izquierda queda atrás y te toca los muslos, las nalgas, el sexo, recorriéndolo todo, y tu pezón toma consistencia en mi boca y lo aprieto suavemente con mis labios un breve instante, porque me encanta la sensación de tenerlo ahí tan vulnerable, y a la vez tan seguro con su inesperado captor. Busco entonces tu boca, tu lengua, tus labios, y al subir hasta allí mi pene choca contra tu sexo, como llamando... y tu mano se percata, y lo sujeta, y es tu turno ahora... ¿qué decides hacer?.