Hablando de culos
Me gusta, me gusta tu culo, me encanta la forma en que se amolda a tus pantalones siempre bastante ajustados, y el movimiento que marca cuando caminas, acomodándose a tus pasos con un suave balanceo, y cómo tus nalgas alternan el protagonismo cuando la pierna que las acompaña se queda atrás en el paso y las hace apretarse un poco más al quedarse en ese primer plano trasero. Te observo siempre que puedo, con disimulo o con descaro, según las circunstancias y si puedes darte cuenta o no, y no es siempre caballerosidad que te deje pasar delante...
Sueño con encontrarte un día en la cama, acostada de espaldas al lado libre del colchón, y ocupar yo ese lado, bajo las sábanas, acercándome mucho a ti, con mi boca a la altura de tu cuello, besándote, haciéndote sentir mi respiración, y deslizar mi mano bajo tu pijama, descubriendo que no llevas ropa interior, con lo que mi mano se encuentra enseguida con el tacto de la piel de tus nalgas, tan firme y suave que mis dedos casi sueltan chispas al tocarla, y se pierden por sus curvas, te recorren de arriba abajo entre caricias y ligeros apretones en que se ven felizmente incapaces de abarcarlas todas. Luego las caricias van descendiendo poco a poco, y mi mano tropieza con la barrera de tus piernas, que se encuentran ligeramente desplazadas una sobre otra, dejando un poco más fácil el camino que ahora persigo, cuando mis dedos cruzan esa barrera hasta tocar el vello de tu pubis ligeramente empapado ya, y sigo hacia delante hasta encontrar la zona de tu vagina que resguarda tu clítoris. Y empiezo a acariciarla suavemente en pequeños círculos, sintiendo que aumenta la humedad e impregna mis dedos. Y con la ayuda que tus fluidos me prestan, mis dedos se mueven cada vez más fácilmente sobre tu clítoris, primero en círculos, luego hacia arriba y hacia abajo, y de nuevo en círculos, una y otra vez, mientras mi brazo sigue en todo momento en contacto con tus nalgas, moviéndose entre ellas, sintiéndolas. Me pierdo en esas sensaciones, me encanta sentir el contacto de tu culo, la estrechez del camino que ha seguido mi brazo, mi mano mojándose ya casi completa de ti, mis labios sobre tu cuello, mi respiración y tu respiración agitadas, la estimulación continua sobre tu clítoris, hasta que finalmente alcanzas el orgasmo. Unos segundos después comienza la retirada de mi brazo, que al recobrar la libertad, acerco a mi nariz, respirando profundamente para captar tu olor, y, luego, llevo los dedos a mi boca, antes de que la humedad que has dejado en ellos se seque y me impida probar tu sabor...
Sueño con encontrarte un día en la cama, acostada de espaldas al lado libre del colchón, y ocupar yo ese lado, bajo las sábanas, acercándome mucho a ti, con mi boca a la altura de tu cuello, besándote, haciéndote sentir mi respiración, y deslizar mi mano bajo tu pijama, descubriendo que no llevas ropa interior, con lo que mi mano se encuentra enseguida con el tacto de la piel de tus nalgas, tan firme y suave que mis dedos casi sueltan chispas al tocarla, y se pierden por sus curvas, te recorren de arriba abajo entre caricias y ligeros apretones en que se ven felizmente incapaces de abarcarlas todas. Luego las caricias van descendiendo poco a poco, y mi mano tropieza con la barrera de tus piernas, que se encuentran ligeramente desplazadas una sobre otra, dejando un poco más fácil el camino que ahora persigo, cuando mis dedos cruzan esa barrera hasta tocar el vello de tu pubis ligeramente empapado ya, y sigo hacia delante hasta encontrar la zona de tu vagina que resguarda tu clítoris. Y empiezo a acariciarla suavemente en pequeños círculos, sintiendo que aumenta la humedad e impregna mis dedos. Y con la ayuda que tus fluidos me prestan, mis dedos se mueven cada vez más fácilmente sobre tu clítoris, primero en círculos, luego hacia arriba y hacia abajo, y de nuevo en círculos, una y otra vez, mientras mi brazo sigue en todo momento en contacto con tus nalgas, moviéndose entre ellas, sintiéndolas. Me pierdo en esas sensaciones, me encanta sentir el contacto de tu culo, la estrechez del camino que ha seguido mi brazo, mi mano mojándose ya casi completa de ti, mis labios sobre tu cuello, mi respiración y tu respiración agitadas, la estimulación continua sobre tu clítoris, hasta que finalmente alcanzas el orgasmo. Unos segundos después comienza la retirada de mi brazo, que al recobrar la libertad, acerco a mi nariz, respirando profundamente para captar tu olor, y, luego, llevo los dedos a mi boca, antes de que la humedad que has dejado en ellos se seque y me impida probar tu sabor...

