A dos centímetros de ella / de ti
Hay sonrisas que hablan de ella, y voces, y delicadas pieles blancas, y zapatos de tacón, y piernas que se muestran seguras. Hay labios que saben a ella, pero sólo unos: sus labios, suaves, dulces, moldeados por el contacto continuo con su voz y sus dedos deslizándose sobre ellos alguna que otra vez.
Hay trozos de tela que saben el tacto de sus pechos, y capas, hay capas que la han envuelto y en las que ha quedado impregnado su olor, un olor suave, a dos centímetros de su cuello, un olor suave, cuando se acerca a besarte en la mejilla castamente, y te sonríe amistosa, y no sabe lo que ese olor a dos centímetros de ella produce. Y mi nariz respira profundamente, la respira mientras puede, esos dos segundos escasos antes de que los dos centímetros se hagan cinco, y queda como una soga de aire agarrándose a ella en mi nariz, en un último intento de no perder lo que sólo existe a dos centímetros de su piel, cuando casi puedes acariciarla, donde podrías acariciarla si te dejara, y besar sus labios y soñar con que esos dos centímetros no aumenten nunca, con tus manos en su espalda, en su suave piel, su respiración rítmica sobre tus labios, mezclándose con la tuya, su mirada más dulce encontrándose con tu mirada, con la promesa de no marcharse, y luego otro beso, dado por ella, generoso, un beso que lleva un trocito de su corazón, ese trocito que te brinda y que la hace ya única y no puedes perderla, esta vez no puedes ya perderla.
(En este punto el sueño termina, aunque quizás no siempre sea un sueño, pero si esto fuera una película, en este momento el recuerdo onírico se va, la imagen se funde a negro, y la escena que aparece al volver el color es otra, quizás la que ahora sigue...)
No recuerdo exactamente qué ha pasado, cuando despierto y siento mi cuerpo descansar sobre una cama, sobre mi cama, la misma cama habitualmente vacía, y me asusto un instante al pensar que igual todo fue un sueño, pero al abrir los ojos con miedo, te encuentro tumbada a mi lado, con los ojos cerrados, y sigo con mis ojos la forma de tu cuerpo bajo la sábana, y la promesa de que nada más te cubre se escribe en tu hombro desnudo que asoma levemente.
Al besarte, te despiertas poco a poco, y mi mano te acaricia sobre la sábana, que se desliza despacio hacia abajo, y tu hombro ya no es sólo un hombro cuando empiezan a asomar tus brazos y la parte superior de tu pecho, donde se dibuja lentamente la forma pequeña pero hermosa de tus pechos. Entonces, mi mano sobre la sábana sube de nuevo hacia arriba, mientras se repiten los besos, y busca ese camino nuevo que la sábana ya no oculta, acariciando tus pechitos, mientras mi boca desciende por tu cuello y se dirige también hacia ellos, para besarlos, para quererlos, para amarlos. Y al mirarte sonrío, y sigo bajando con los besos, quitando la sábana al mismo tiempo, haciendo un puente de besos entre tus pechos y tu cintura, perdiéndome en tu ombligo, donde mi lengua se asoma a curiosear, haciéndote cosquillas, y mi mano se sube a tus caderas por un costado, siguiendo la línea de tus muslos, y desciende desde allí bordeando tu pubis hasta alcanzar la cara interna de tus muslos, al tiempo que mi boca se desplaza rápidamente y se llena de uno de tus pechos, y mi mano entre tus piernas sube un poco y se moja con la humedad de tu sexo...
Hay trozos de tela que saben el tacto de sus pechos, y capas, hay capas que la han envuelto y en las que ha quedado impregnado su olor, un olor suave, a dos centímetros de su cuello, un olor suave, cuando se acerca a besarte en la mejilla castamente, y te sonríe amistosa, y no sabe lo que ese olor a dos centímetros de ella produce. Y mi nariz respira profundamente, la respira mientras puede, esos dos segundos escasos antes de que los dos centímetros se hagan cinco, y queda como una soga de aire agarrándose a ella en mi nariz, en un último intento de no perder lo que sólo existe a dos centímetros de su piel, cuando casi puedes acariciarla, donde podrías acariciarla si te dejara, y besar sus labios y soñar con que esos dos centímetros no aumenten nunca, con tus manos en su espalda, en su suave piel, su respiración rítmica sobre tus labios, mezclándose con la tuya, su mirada más dulce encontrándose con tu mirada, con la promesa de no marcharse, y luego otro beso, dado por ella, generoso, un beso que lleva un trocito de su corazón, ese trocito que te brinda y que la hace ya única y no puedes perderla, esta vez no puedes ya perderla.
(En este punto el sueño termina, aunque quizás no siempre sea un sueño, pero si esto fuera una película, en este momento el recuerdo onírico se va, la imagen se funde a negro, y la escena que aparece al volver el color es otra, quizás la que ahora sigue...)
No recuerdo exactamente qué ha pasado, cuando despierto y siento mi cuerpo descansar sobre una cama, sobre mi cama, la misma cama habitualmente vacía, y me asusto un instante al pensar que igual todo fue un sueño, pero al abrir los ojos con miedo, te encuentro tumbada a mi lado, con los ojos cerrados, y sigo con mis ojos la forma de tu cuerpo bajo la sábana, y la promesa de que nada más te cubre se escribe en tu hombro desnudo que asoma levemente.
Al besarte, te despiertas poco a poco, y mi mano te acaricia sobre la sábana, que se desliza despacio hacia abajo, y tu hombro ya no es sólo un hombro cuando empiezan a asomar tus brazos y la parte superior de tu pecho, donde se dibuja lentamente la forma pequeña pero hermosa de tus pechos. Entonces, mi mano sobre la sábana sube de nuevo hacia arriba, mientras se repiten los besos, y busca ese camino nuevo que la sábana ya no oculta, acariciando tus pechitos, mientras mi boca desciende por tu cuello y se dirige también hacia ellos, para besarlos, para quererlos, para amarlos. Y al mirarte sonrío, y sigo bajando con los besos, quitando la sábana al mismo tiempo, haciendo un puente de besos entre tus pechos y tu cintura, perdiéndome en tu ombligo, donde mi lengua se asoma a curiosear, haciéndote cosquillas, y mi mano se sube a tus caderas por un costado, siguiendo la línea de tus muslos, y desciende desde allí bordeando tu pubis hasta alcanzar la cara interna de tus muslos, al tiempo que mi boca se desplaza rápidamente y se llena de uno de tus pechos, y mi mano entre tus piernas sube un poco y se moja con la humedad de tu sexo...


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