Ninfa
Este post va dedicado a Ninfa, porque aunque quizás no tengamos exactamente los mismos gustos, su forma de escribir y narrar sus sensaciones me resulta siempre excitante y aunque en mis enlaces no hay en general ningún orden especial, no es casualidad que su blog sea el primero, porque es, sin duda, mi favorito.
Muchas veces ha dicho que le gusta provocar, y sin duda conmigo ha conseguido provocar muchas sensaciones, muchas fantasías y, por supuesto, muchas pulsiones que pugnan por escapar. Y lo que aquí te dedico, Ninfa, es una de esas historias (no acontecidas, para que nadie se lleve a engaño) que vagan por mi mente y en las que eres protagonista. Espero que te guste o, al menos, que no te disguste. Parto en esta ocasión de la idea de que tus fotos del post 'Esto pudo llegar a ocurrir' son reales, o al menos definen el contexto en que mi escrito, ahora, da comienzo:
Te encuentro desnuda, sobre la mesa en penumbras de una habitación con luz tenue y azul, sólo vestida con unos sugerentes zapatos de tacón que realzan la longitud de tus piernas, con tu cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Yo te miro al principio sin que te percates de mi presencia, admirando la elegancia que te envuelve hasta desnuda, porque viene dibujada e imborrable en las curvas de las líneas de tu piel. Apenas unos segundos después una caricia de aire un poco más frío eriza tu piel y la conciencia de tu cuerpo desnudo y vulnerable te alcanza, despertando tu líbido y la urgencia de compañía, mientras yo me acerco hacia ti, y escuchas mis pasos cuando estoy justo a tu lado. Asustada, abres tus ojos y miras hacia mí, que sonrío y te indico con un dedo en mis labios que guardes silencio, y te pido con un gesto que cierres nuevamente los ojos y no te muevas. Tú no me conoces, no sabes qué hago allí, pero no sientes temor de mi presencia, y cedes al deseo de tu cuerpo, cierras los ojos.
Yo no necesito más invitaciones, me deshago rápidamente de mi ropa y coloco una rodilla a cada lado de tus piernas, mientras tiro de tu cabeza suavemente hacia atrás, arqueando tu cuerpo de forma que tus pechos se levantan como pidiendo su turno, que no les niego, y comienzo a besarlos y a lamerlos, excitado por su forma y su sabor, y abarco cuanto puedo tu pecho izquierdo con mi boca, como queriendo comer tu corazón. Lo aprisiono solamente con mis labios y retrocedo poco a poco hacia fuera hasta llegar de nuevo al pezón, que no libero del todo hasta tirar un poco de él, oyendo como sueltas un gemido entre la excitación y el dolor de este pequeño castigo. Yo ya estoy en erección y, deseoso de saber tu estado, llevo mi mano hasta tu sexo, que encuentro húmedo y dispuesto. Meto enseguida un dedo, y luego dos, y bajo con mi cabeza hasta tus piernas, para ayudarme con la lengua a ir incrementando tu excitación, chupando tu clítoris al tiempo que mis dedos se aceleran hasta que consigo tu primer orgasmo, unos minutos después.
Entonces te obligo a recostarte sobre tu espalda y coloco mi pene junto a tu cara y mi cabeza junto a tu sexo, para empezar nuevamente a masturbarte. Tú tampoco te resistes al obsequio que ronda tu boca y empiezas a lamerlo y a chuparlo como una auténtica maestra. Pero al poco te paro, lo haces demasiado bien, y no quiero correrme todavía, me doy la vuelta y te beso, mezclando en nuestras lenguas los sabores de uno y otro sexo. Te hago girar ahora sobre tu costado izquierdo y, sin más preámbulos ni esperas, te penetro desde atrás, al tiempo que mi mano derecha sobre tu cuerpo soba tus pechos y mi boca lame o pellizca tu cuello de vez en cuando. Mi penetración aumenta poco a poco el ritmo y tu mano completa la estimulación, hasta que en el momento en que mi aguante cede, estallas en un fuerte orgasmo, mientras yo saco mi pene de ti y derramo con fuerza mi leche entre tus piernas, por donde resbala caliente.
Muchas veces ha dicho que le gusta provocar, y sin duda conmigo ha conseguido provocar muchas sensaciones, muchas fantasías y, por supuesto, muchas pulsiones que pugnan por escapar. Y lo que aquí te dedico, Ninfa, es una de esas historias (no acontecidas, para que nadie se lleve a engaño) que vagan por mi mente y en las que eres protagonista. Espero que te guste o, al menos, que no te disguste. Parto en esta ocasión de la idea de que tus fotos del post 'Esto pudo llegar a ocurrir' son reales, o al menos definen el contexto en que mi escrito, ahora, da comienzo:
Te encuentro desnuda, sobre la mesa en penumbras de una habitación con luz tenue y azul, sólo vestida con unos sugerentes zapatos de tacón que realzan la longitud de tus piernas, con tu cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Yo te miro al principio sin que te percates de mi presencia, admirando la elegancia que te envuelve hasta desnuda, porque viene dibujada e imborrable en las curvas de las líneas de tu piel. Apenas unos segundos después una caricia de aire un poco más frío eriza tu piel y la conciencia de tu cuerpo desnudo y vulnerable te alcanza, despertando tu líbido y la urgencia de compañía, mientras yo me acerco hacia ti, y escuchas mis pasos cuando estoy justo a tu lado. Asustada, abres tus ojos y miras hacia mí, que sonrío y te indico con un dedo en mis labios que guardes silencio, y te pido con un gesto que cierres nuevamente los ojos y no te muevas. Tú no me conoces, no sabes qué hago allí, pero no sientes temor de mi presencia, y cedes al deseo de tu cuerpo, cierras los ojos.
Yo no necesito más invitaciones, me deshago rápidamente de mi ropa y coloco una rodilla a cada lado de tus piernas, mientras tiro de tu cabeza suavemente hacia atrás, arqueando tu cuerpo de forma que tus pechos se levantan como pidiendo su turno, que no les niego, y comienzo a besarlos y a lamerlos, excitado por su forma y su sabor, y abarco cuanto puedo tu pecho izquierdo con mi boca, como queriendo comer tu corazón. Lo aprisiono solamente con mis labios y retrocedo poco a poco hacia fuera hasta llegar de nuevo al pezón, que no libero del todo hasta tirar un poco de él, oyendo como sueltas un gemido entre la excitación y el dolor de este pequeño castigo. Yo ya estoy en erección y, deseoso de saber tu estado, llevo mi mano hasta tu sexo, que encuentro húmedo y dispuesto. Meto enseguida un dedo, y luego dos, y bajo con mi cabeza hasta tus piernas, para ayudarme con la lengua a ir incrementando tu excitación, chupando tu clítoris al tiempo que mis dedos se aceleran hasta que consigo tu primer orgasmo, unos minutos después.
Entonces te obligo a recostarte sobre tu espalda y coloco mi pene junto a tu cara y mi cabeza junto a tu sexo, para empezar nuevamente a masturbarte. Tú tampoco te resistes al obsequio que ronda tu boca y empiezas a lamerlo y a chuparlo como una auténtica maestra. Pero al poco te paro, lo haces demasiado bien, y no quiero correrme todavía, me doy la vuelta y te beso, mezclando en nuestras lenguas los sabores de uno y otro sexo. Te hago girar ahora sobre tu costado izquierdo y, sin más preámbulos ni esperas, te penetro desde atrás, al tiempo que mi mano derecha sobre tu cuerpo soba tus pechos y mi boca lame o pellizca tu cuello de vez en cuando. Mi penetración aumenta poco a poco el ritmo y tu mano completa la estimulación, hasta que en el momento en que mi aguante cede, estallas en un fuerte orgasmo, mientras yo saco mi pene de ti y derramo con fuerza mi leche entre tus piernas, por donde resbala caliente.


4 comentarios:
No te extrañe tanto que pusiera el link. Gracias por el post, me ha gustado, y excitado.
Espero seguir provocándote.
Un beso
De
Ninfa, A las
16/1/06 09:26
Uhmmm... interesante, muy interesante... Y excitante.
Se me ha hecho corto.
De
bathgirl, A las
16/1/06 13:55
Ninfa, sin duda seguirás consiguiéndolo, tienes un talento especial para conseguir excitar... Me alegro de haberlo logrado yo también esta vez contigo ;)
bathgirl, tu colaboración de hoy también es muy interesante jeje ;)
De
LoverBit, A las
24/1/06 12:03
Muy buen relato, me ha gustado mucho.
Reitero mi enhorabuena.
Mujeres desnudas amateur
De
Anónimo, A las
9/8/06 01:13
Publicar un comentario en la entrada
<$I18N$LinksToThisPost>:
Crear un enlace
<< Página principal