Pulsiones

martes, enero 24, 2006

Colaboración de bathgirl II

Ante mis comentarios a la primera colaboración de bathgirl, ésta me ha hecho el excitante regalo de esta segunda colaboración, en la que narra lo ocurrido unos días después en una conversación telefónica entre ambos:
Siempre tus deseos acostumbran a cumplirse, aunque no debes acostumbrarte a ello, pues puede llegar el momento en que tus deseos sean imposibles. Deseabas compartir conmigo ese baño, estar ahí la siguiente vez, y como de otra manera no era posible, fue tu voz y tus susurros los que me acompañaron.

Hablábamos, como otras tantas veces, mientras la bañera se iba cubriendo de agua. Te dejé elegir aderezo, y aunque guiado elegiste aceite de baño… Es mi preferido. El aceite hace que mi cuerpo se torne brillante, apetecible, pero sobre todo acariciable, esa textura incita a recorrer cada recoveco de mi cuerpo, a impregnar de viscosidad todo mi ser. Y esas caricias estremecen mi piel, un mundo nuevo de sensaciones se descubre ante mí.

Estando ya en el baño marcas mi número, y mientras iniciamos conversación me desnudo y perfumo el agua con ese aceite que juntos hemos elegido. El aroma a rosas, el ambiente y tus palabras inician la humedad antes de introducirme en el agua.

Estoy nerviosa, es la primera vez que alguien como tú observa mi baño, alguien consciente de lo que seguramente allí va a acontecer. Mi voz se me antoja entrecortada, el corazón pugna por salirse del pecho, ¿es excitación o agitación?

Mientras me das conversación mis manos no pierden el tiempo, recorren mi cuerpo descubriendo esa suavidad impuesta. Preguntas por su paradero y miento descaradamente cuando te digo que están en mis rodillas o en mis brazos. Esas manos viajan lejos de aquellas partes que la vista puede repasar cualquier día de verano. Mis manos recorren mis piernas, desde los pies hasta la cintura, centrándose en la cara interna de los muslos. Se detienen en los pechos, recreándose en cada sensación, observando como se erizan mis pezones. Deseo secretamente que pudieras ver la escena, pero conscientemente lucho por evitar que mi voz delate mi estado, conteniendo a veces el aliento, los gemidos, y silenciando mi excitación. Me encanta estar ahí, como si fuera observada, escuchando tu voz en susurros o con ese tono infantil que usas a veces conmigo, ese que tanto me gusta y excita.

Te dejo dirigir mi orquesta y orientas mis manos. Me indicas que repita escenas releídas una y otra vez por ambos, uno a cada lado del hilo telefónico, ambos excitados y divertidos por la situación. Obedezco y acaricio mi clítoris con la mano que me indicas, con el dedo que señalas, con la inclinación, movimiento e intensidad que sugieres. No eres mal director, desde luego. En seguida mi sexo responde a esos estímulos, se enorgullece de la visita que recibe y se muestra en todo su esplendor, pero aún hay más. La otra mano sigue tus consejos e introduzco uno de sus dedos dentro de mí. Es una sensación nueva y extraña. Estoy tremendamente excitada y tu voz acuna mi oído. Estoy encantada pero aún así no quiero que estés ahí, quiero ese tiempo para mí en exclusiva. Quisiera que me observaras sin pudor, pero no quiero que me escuches gemir. Intento acallar mi placer, y para ello cambio el teléfono de lugar y abro el grifo, el ruido del agua al caer y esa pequeña distancia serán suficientes.

Te dejo a la espera mientras ese jabón de coco recorre mi pubis, mis labios, mi sexo. Mientras escuchas atentamente el agua caer, gimo en voz baja, ruborizada, y pícaramente sonrío pensando que intentarás descubrir sonidos y sensaciones bajo el estruendo que te parecerá sentir. Te sigo dando conversación cuando, ya con el grifo cerrado y el relax instalado, envuelvo mi cuerpo en la toalla y me desplazo hasta el dormitorio.

Seguimos hablando unos minutos más, te preguntas qué ha pasado realmente y eso me divierte, me río por debajo de la nariz pensando en tu ingenuidad, en cómo escondo impunemente esa verdad. Y pienso en cómo y cuando redactar lo que ocurrió en esa hora larga de desnuda conversación.

Cuando cuelgas tu voz recorre mi cuerpo, el recuerdo de tus susurros eriza mi piel, tus palabras excitan nuevamente mi cuerpo y dejo volar mi imaginación. Apareces medio desnudo en mis pensamientos y, estando presente en mi mente, mis manos recorren el cuerpo todavía húmedo. Y por primera vez me masturbo fuera de mi cámara secreta, del cómplice de mis deseos, de la privacidad del baño. Bajo las sábanas recreo escenas tantas veces soñadas mientras mi cuerpo se estremece en una lluvia de sensaciones.

- escrito por bathgirl

Yo tengo que añadir: ¡Pero qué mala eres!, te lo callabas todo :P, aunque tampoco negaré que me imaginaba de todo en tu periodo de silencio... jeje. Tras la lectura de tu post, yo tampoco he podido evitar imaginar esas escenas y tocarme bajo mis sábanas... Sólo espero que lo de la primera parte de tu colaboración no sea realidad, y nunca llegue ese momento en que mis deseos sean imposibles, porque me acaban de surgir unos cuántos más ;). Besos húmedos.

4 comentarios:

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