Volver
Recuerdo muchas veces la despedida junto a tu casa, aquél día en que el azar quiso que una salida de grupo se convirtiera en sólo un tú y yo. La conversación por el camino, tan agradable, y el adiós prolongado entre sonrisas bobas. Y en aquel momento no quería nada más, me conformaba con la velada y tu amistad y ni siquiera pensé en otra opción de esas que desechaba siempre, seguramente por saber que tienes novio y por miedo a perderte.
Pero ahora que vas a regresar, pienso mucho en volver a ese momento, y no dejarlo todo en una alegre despedida, y ya que al pensar no arriesgo nada, taparía la sonrisa de tus labios con un beso y luego al mirarte buscaría en tus ojos un deseo de repetirlo tras la sorpresa inicial y volvería a besarte una y otra vez acallando tus palabras, hasta que las protestas más rebeldes se apuntaran al paso al frente de tu mirada.
Y luego, subir a tu piso, aspirando el olor de tu pelo mientras abres la puerta, con mi respiración agitada sobre tu cuello, empujar la puerta para que se cierre sin volvernos a mirar si realmente es así, mientras seguimos a sentarnos en el borde de tu cama y en una breve pausa miro tus bellos ojos y te pregunto si estás segura. Y me besas. Y mis besos de respuesta conducen poco a poco tu cuerpo sobre el colchón y un dulce beso en el cuello me sirve para alcanzar el borde de tu camisa y ayudarte a quitártela. Sonrío al observar tu pecho bajo el sostén y decirte qué hermosos son los dos prisioneros que oculta, mientras los libero deslizando mis manos tras tu espalda y soltando el cierre. Y sonrío de nuevo y los beso una y otra vez alrededor de la aureola del pezón, turnándome por pura indecisión a partes iguales en cada uno. Luego me quito rápidamente mi camisa y vuelvo a besarte dejando que mi pecho se junte con el tuyo mientras mi mano hace lo que puede por empujar hacia abajo tus pantalones y tus braguitas y acariciar tus muslos, tus nalgas y tu sexo, asomando ligeramente algún dedo a su interior. Retrocedo entonces un poco, al tiempo que termino de desnudarte y hundo mi cabeza entre tus piernas, tras morder suavemente con mis labios la cara interna de tus muslos, incapaz de resistirme a ese antojo repentino, y aspiro tu olor como si el hambre se saciara con el olfato, o quizás porque eso incrementa mi apetito y mi deseo, y mi lengua se dirige ya sin dudas a lamerte e indagar tus sensaciones hasta que tu cuerpo se arquea con un primer orgasmo que prolongo cuánto puedo acelerando el ritmo.
Y mi imaginación inevitablemente sigue adelante en este punto, en diferentes opciones según el día, pero quizás no valga la pena contarlo hasta el día en que tú, si quieres, te acerques a escribir juntos un final...
Pero ahora que vas a regresar, pienso mucho en volver a ese momento, y no dejarlo todo en una alegre despedida, y ya que al pensar no arriesgo nada, taparía la sonrisa de tus labios con un beso y luego al mirarte buscaría en tus ojos un deseo de repetirlo tras la sorpresa inicial y volvería a besarte una y otra vez acallando tus palabras, hasta que las protestas más rebeldes se apuntaran al paso al frente de tu mirada.
Y luego, subir a tu piso, aspirando el olor de tu pelo mientras abres la puerta, con mi respiración agitada sobre tu cuello, empujar la puerta para que se cierre sin volvernos a mirar si realmente es así, mientras seguimos a sentarnos en el borde de tu cama y en una breve pausa miro tus bellos ojos y te pregunto si estás segura. Y me besas. Y mis besos de respuesta conducen poco a poco tu cuerpo sobre el colchón y un dulce beso en el cuello me sirve para alcanzar el borde de tu camisa y ayudarte a quitártela. Sonrío al observar tu pecho bajo el sostén y decirte qué hermosos son los dos prisioneros que oculta, mientras los libero deslizando mis manos tras tu espalda y soltando el cierre. Y sonrío de nuevo y los beso una y otra vez alrededor de la aureola del pezón, turnándome por pura indecisión a partes iguales en cada uno. Luego me quito rápidamente mi camisa y vuelvo a besarte dejando que mi pecho se junte con el tuyo mientras mi mano hace lo que puede por empujar hacia abajo tus pantalones y tus braguitas y acariciar tus muslos, tus nalgas y tu sexo, asomando ligeramente algún dedo a su interior. Retrocedo entonces un poco, al tiempo que termino de desnudarte y hundo mi cabeza entre tus piernas, tras morder suavemente con mis labios la cara interna de tus muslos, incapaz de resistirme a ese antojo repentino, y aspiro tu olor como si el hambre se saciara con el olfato, o quizás porque eso incrementa mi apetito y mi deseo, y mi lengua se dirige ya sin dudas a lamerte e indagar tus sensaciones hasta que tu cuerpo se arquea con un primer orgasmo que prolongo cuánto puedo acelerando el ritmo.
Y mi imaginación inevitablemente sigue adelante en este punto, en diferentes opciones según el día, pero quizás no valga la pena contarlo hasta el día en que tú, si quieres, te acerques a escribir juntos un final...


2 comentarios:
Precioso.
Me encanta reconocer esas palabras antes escuchadas, me encantan esos detalles juguetones, la picardía y la sencillez con lo que lo cuentas.
De
Quien tú ya sabes, A las
16/12/05 23:54
Gracias :)). Si es que soy así: juguetón, sencillo pícaro... xD O:-)
De
LoverBit, A las
15/1/06 14:34
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