Saciado de ti
Pero pienso que es agosto, y que da igual, que nadie llega puntual al trabajo en estas fechas, y me desdigo a mí mismo retrocediendo sobre mis pasos rápidamente, abriendo con impaciencia la puerta del ascensor tras una subida lenta que se me hace eterna, y entro al fin a nuestro piso, dejo mis cosas en cualquier lado y vuelvo a la cama donde aún remoloneas antes de decidirte a levantarte tú también.
¿Qué pasa? - me dices - ¿sé te ha olvidado algo?. Y yo contesto con una sonrisa que creo que se me ha quedado algo entre las sábanas, mientras me siento a tu lado, te beso y acaricio tus muslos bajo las sábanas, que se me ofrecen desnudos con tu mínimo pijama de verano. ¿No tienes que trabajar? - preguntas nuevamente. Claro - te digo -, sólo que he adelantado mi pausa del desayuno y hoy me apetece tomar algo muy especial. Y dicho esto aparto la sábana definitivamente, y te quito la parte alta del pijama para ir directo a besar tus pechos, a lamerlos muy suavemente, deleitándome con la delicia de tus pezones que se endurecen un poco cuando soplo suavemente sobre ellos y la fina capa de mi saliva que los recubre. Tú mientras, sonríes y me dejas hacer, ya sin ganas de más preguntas, y yo me quito toda mi ropa menos los boxer y subo a la cama y beso tu vientre y bajo al mismo tiempo tus pantaloncillos y tus braguitas, dejándote ya totalmente desnuda, y cuelo mi cabeza entre tus piernas, llenándome de tu olor hasta que no cabe más aire en mis pulmones, y beso tu sexo y lo lamo con ternura, al tiempo que uno de mis dedos se adentra tímidamente en tu humedad ya manifiesta, y luego va subiendo el ritmo al tiempo que mi boca se aprieta más contra ti, manteniendo el ritmo de los lametones o atrapando y succionando levemente la zona cercana a tu clítoris.
Así, te corres muy rápido una primera vez, pero apenas te das tiempo de recuperarte, y acudes al rescate de mi miembro que presiona el boxer como si fuera a romperlo, y lo lames tímidamente, limpiando los restos del líquido preseminal que mi excitación ya había hecho presente. Pero no te dejas llevar por la tentación de que acabe en tu boca y enseguida me colocas el preservativo. Entonces, yo te invito a tumbarte sobre el costado y me coloco a tu espalda, introduciendo enseguida mi pene dentro de ti, con mis labios y mi respiración pegados a tu cuello, deslizándose por él, y enseguida voy subiendo el ritmo y te penetro cada vez más fuerte, cada vez más rápido, los dos jadeantes hasta que al fin mi anuncio de orgasmo se te contagia y nuestros cuerpos tiemblan a la vez, exhaustos, sin prisa por separarse e impregnados de un sudor muy bien ganado.
Luego, algunos besos después, vuelvo a estar listo para trabajar, y, al fin, esta vez sí, salgo de casa saciado de ti, y aún así noto cómo me muerdo el labio en un último impulso incontenible de...

